En voz muy lenta hablo junto a su oído y dijo: “ estamos emergentes, hay peligro”. No obtuvo respuestas, sólo su voz que caía cerca de las hiedras. Volvió a intentarlo, ahora su voz se engrosó un poco, se acercó a su otro oído, esta vez el derecho, y dijo: “ nos van a matar, ya no nos necesitan”. Su interlocutor seguía con voraz sordera. Estaba demasiado aletargado en su ignorancia. Finalmente, ella se levantó. Se despidió con la voz quebrada por el llanto, y se fue.
Las hiedras la abrigaban aún heladas. Ella estaba contra el paredón sin encontrar una ventana. Aunque las hiedras, son especiales en el abrazo, hace años que acarician al muro indiferente.
La masa que cubría las calles del detonador de imágenes, la asustaba. La pared húmeda recorrida por esa enredadera que enredaba ausencias, tiritaba de frío y descontento. Fue ahí durante el descontento del muro que ella entendió que para los otros, la muerte no sería una evolución perjudicial.
Los otros se habían asesorado con los búhos y estos habían impregnado de imágenes factas sus sentidos.
Entonces, los otros, acudían a los abogados para tomar consejo y detrás de ellos venía un empleado con esas actas que, en realidad, se supone, son secretas.
Actas secretas nublaron la razón de los emergentes y no supieron darse cuenta del peligro. No sabían escuchar, nunca nadie les dijo que el futuro exterminio ya estaba llegando y ahora era un presente comprometiendo emergentes realidades preparadas.
Ella, se despidió de la abrigada hiedra, camino hacia la estación de trenes más cercana. La fiebre ya había comenzado, un sudor de ignorancias emergentes le recorría el alma. Volvió a sentir el abrazo de las hiedras, estas le recordaban a las viejas locomotoras de los trenes, siempre haciendo fuerza para poder mover vagones, agarradas con vigor a las vías, calentando los durmientes a su paso.
Entonces, totalmente desvalida y sola se acomodó tras la barrera del ferrocarril, sin apuro, porque le gustaba.
Ade
A unos les gusta el alpinismo. A otros les entretiene el dominó. A mí me encanta la transmigración. ...una cosa es mirar el mar desde la playa, otra contemplarlo con unos ojos de cangrejo... Por eso a mi me gusta rumiar la pampa y el crepúsculo personificado en una vaca, sentir la gravitación y los ramajes con un cerebro de nuez o de castaña, arrodillarme en pleno campo, para cantarle con una voz de sapo a las estrellas. Oliverio Girondo
miércoles, 1 de julio de 2009
lunes, 29 de junio de 2009
Cerretti y Nirvana
Esta fue mi casa, mi hogar por veinte años. Les presento a "Cerretti", muchos de ustedes habran leido sobre ella en mi blog, y se preguntaban:¿ que es Cerretti? Cerretti fueron cuatro corazones palpitando en sus paredes. Adios Cerretti...
Cerretti y Nirvana, Nirvana y Cerretti, dos realidades distintas, dos pasados. Es como que todo estuviera concluyendo y aunándose el fin en algún lado. Que rara sensación de desarraigo. Ade
viernes, 26 de junio de 2009
Nirvana, el final - (Cap. 5)
A veces era de quebracho, otras de cristal. Cuando ese día fue de cristal, sin medir errores , sin estrategias, se dirigió al callejón. Llegó hasta el aljibe. Lo recorrió con los ojos del miedo. Sabía que ahí, en el fondo estaba la botella. Necesitaba de ese deseo. Siempre necesito de los deseos. Deseos de Nirvana. El gnomo había desparecido. Sintió alivio. Más segura encapsulada en su estructura de cristal, se acerco más y más hacia el aljibe. Ahora estaba como tatuada , cerca, demasiado. Decidida comenzó a descender. A medida que descendía, su vida, sueños, su peor pesadilla, acosaban su memoria. Siguió bajando, cada vea más. Llegó al bosque. Era espectral, sombrío, seco. Camino esquivando sus fantasmas, los de ambos. Siguió Respiro. Comenzó la búsqueda de la botella vacía. Pronto, cerca del mas oscuro de los espectros, la vio. Se acerco. Dudo. Giro su cabeza, hacia otro foco. Volvió a dudar. Un frío gelatinoso descendía por su cuerpo. Frio y gelatina. Había Olores fuertes. Alcanfor, incienso, ruda. Se arrodillo. Entonces fue cuando descubrió que el vidrio reflejaba extraños colores, siglos de colores. Se acordó de un viejo calidoscopio olvidado en alguna parte. A medida que observaba la botella, se iba adormeciendo, más, más profundo. Cuando despertó del letargo. Recordó. La tomo rápidamente , con vigor, sin miedos, y comenzó el ascenso.Al salir del aljibe, estaba él, serio, arrugado , mísero, esperándola. Le entregó la botella, en un gesto rápido. El gomo la miro con esa mirada de siglos y le dijo: -“ pide tu deseo, ahora”. Ella sonrió, apenas, y casi con una voz inaudible gimio- “Quiero volver a Nirvana”. El gomo comenzó a sacudirse, temblaba. La miro fijamente y con una voz seca le con
testó:-“ No puedo conceder tu deseo, no puedes volver al lugar de donde nunca te has ido”.
Fin
Ade
testó:-“ No puedo conceder tu deseo, no puedes volver al lugar de donde nunca te has ido”.
Fin
Ade
lunes, 22 de junio de 2009
El despertar
Cuando se levanto esa tarde, después de una larga siesta, él se sintió diferente.
Lentamente se dirigió al baño. Abrió la canilla de agua fría. Se lavo la cara. Lentamente sus ojos se metieron en el reflejo del espejo. El era diferente. Las marcas que la angustia deja en la piel habían desaparecido. El temblor de su cuerpo, también. La mueca de dolor de su boca, no estaba. Sus ropas arrugadas y viejas ahora lucían impecablemente limpias. Había un olor dulzón y fresco brotando de sus manos. Acaricio con sus manos las ventanas y las sintió amplias. Con sus dedos finos y largos sacudió melodías de guitarra. Un calor tibio y placentero envolvía con calma su esqueleto .Entonces abrió espaciosamente las puertas de su departamento. Con una sonrisa tranquila salió a la calle. Camino todo el día y toda la noche, el amanecer y la mañana. Camino impecable y sereno. Nunca dejo de caminar a partir de ese día. Nunca supo quien había sido antes de la siesta. Nunca se preocupo en saberlo. Ahora avanza con una sonrisa dibujada en su espalda.
Ade
Lentamente se dirigió al baño. Abrió la canilla de agua fría. Se lavo la cara. Lentamente sus ojos se metieron en el reflejo del espejo. El era diferente. Las marcas que la angustia deja en la piel habían desaparecido. El temblor de su cuerpo, también. La mueca de dolor de su boca, no estaba. Sus ropas arrugadas y viejas ahora lucían impecablemente limpias. Había un olor dulzón y fresco brotando de sus manos. Acaricio con sus manos las ventanas y las sintió amplias. Con sus dedos finos y largos sacudió melodías de guitarra. Un calor tibio y placentero envolvía con calma su esqueleto .Entonces abrió espaciosamente las puertas de su departamento. Con una sonrisa tranquila salió a la calle. Camino todo el día y toda la noche, el amanecer y la mañana. Camino impecable y sereno. Nunca dejo de caminar a partir de ese día. Nunca supo quien había sido antes de la siesta. Nunca se preocupo en saberlo. Ahora avanza con una sonrisa dibujada en su espalda.
Ade
sábado, 20 de junio de 2009
Nirvana - Al limite (Cap 4)
Llueve. Camina segura. El callejón la envuelve.
En pasado y en agua comienza la sinuosa ronda de recuerdos. Y recuerda. Hubo un día que la encontré repasando presencias. No supe escucharla. Estaba un poco confundida. No lograba entender porque Nirvana.Ahora veo su cara. Lágrimas empetroladas bajan al suelo. Caen. El piso se oscurece como un mar tenebroso. Me corro un poco y dejo que sus lágrimas deambulen hacia otro mar que pueda cristalizarlas. Aunque temo. El cristal podría cortar su apariencia. Entonces se que su sombra haría jugadas al limite. La miro. Desde este ángulo adonde estoy parada, la escucho jurar que no volverá a Nirvana. Se muy bien que el destino puede estar vagando para que ese juramento fracase. Le deseo suerte. Mi pensamiento se hunde en su mirada.
Ade
En pasado y en agua comienza la sinuosa ronda de recuerdos. Y recuerda. Hubo un día que la encontré repasando presencias. No supe escucharla. Estaba un poco confundida. No lograba entender porque Nirvana.Ahora veo su cara. Lágrimas empetroladas bajan al suelo. Caen. El piso se oscurece como un mar tenebroso. Me corro un poco y dejo que sus lágrimas deambulen hacia otro mar que pueda cristalizarlas. Aunque temo. El cristal podría cortar su apariencia. Entonces se que su sombra haría jugadas al limite. La miro. Desde este ángulo adonde estoy parada, la escucho jurar que no volverá a Nirvana. Se muy bien que el destino puede estar vagando para que ese juramento fracase. Le deseo suerte. Mi pensamiento se hunde en su mirada.
Ade
jueves, 18 de junio de 2009
Viaje
Un alma que está sola
Un témpano de locos
Un simulacro rancio
Un recuerdo agrisado
Un caer en las piedras
Un subir arañando
Un cause sin su rio
Un presagio del miedo
Un eslabón que ordena
Un eslabón que pierde
Un ciclo permanente
Un permanente aguante
Un pájaro sangrando
Un viaje sin destino
Un destino perdido
Un deambular de aves
Ade
Un témpano de locos
Un simulacro rancio
Un recuerdo agrisado
Un caer en las piedras
Un subir arañando
Un cause sin su rio
Un presagio del miedo
Un eslabón que ordena
Un eslabón que pierde
Un ciclo permanente
Un permanente aguante
Un pájaro sangrando
Un viaje sin destino
Un destino perdido
Un deambular de aves
Ade
domingo, 14 de junio de 2009
Encontrando a Nirvana (Cap. 3)
Nunca sospecho que el era Nirvana. Con el correr de los años, no recuerda como, supo su nombre. Seguía siendo solo un rostro conocido entre tantos otros que no lograba identificar.El real encuentro con Nirvana fue de casualidad, un día casual. Necesitaba hablar. En el silencio el cruzo por su desierto.No hubo charlas previas, solo se miraron y se tocaron. Ese día hicieron el amor cinco rostros, el de ella, el de él y tres fantasmas.El segundo encuentro fue más certero y furioso. Los fantasmas no daban tregua. Querían sangre, querían almas. Tuvieron lo que deseaban. Hubo un momento en que los fantasmas se agigantaron, luego de a poco se fueron apartando. Entonces las manos de Nirvana instalaron la ternura en tiempo y espacio ganados al miedo.Ella sabía que para volver a Nirvana debería primero transitar el callejón del aljibe, adonde un duende cruel la hostigaría hasta que bajara en busca de la botella de los deseos.También su instinto le decía que Nirvana podía ser más duro y cruel que el duende.
Ade
Ade
sábado, 13 de junio de 2009
Sin luna
Desamparada
Así esta hoy
Desamparada
La luna roja
Se fue a alguna parte
Y veinte años
Quebraron en nostalgia
Cerretti muere
Y revive la ausencia
Desamparada
Sin luna
Sin reservas
Se pierde en las alturas
De la desesperanza
Ade
Así esta hoy
Desamparada
La luna roja
Se fue a alguna parte
Y veinte años
Quebraron en nostalgia
Cerretti muere
Y revive la ausencia
Desamparada
Sin luna
Sin reservas
Se pierde en las alturas
De la desesperanza
Ade
martes, 9 de junio de 2009
En el callejón tras Nirvana (Cap 2)
Hay una ciudad oculta por un denso bosque. En la intersección de una calle y otra aparece la provocación de un callejón desvencijado. Al final hay un aljibe ocupado por un duende de apariencia extraña. Cada vez que ella necesitaba encontrar a Nirvana, era su paso obligado la guarida del gnomo . Este hombre de rostro vacío sin más luces que un sonido cruel, con un salto certero se posaba en su hombro murmurando : “ antes de Nirvana deberás pasar por el bosque que habita en el fondo del aljibe, detrás del árbol mas espectral y sombrío hay una botella, traemela y tus deseos serán concedidos”. Era ahí cuando se podía sentir el escalofrío del callejón .Helada volvía tras sus pasos, jurando que nunca más se acordaría de Nirvana.
Ade
Ade
domingo, 7 de junio de 2009
Zurciendo colores
Saturó su camisa con colores
Ignoró al amarillo
En hojas disimulo
Desarmando colores
Violáceos ignorados
zurcen complementarios
mientras que suplementarios
aprietan viejos colores
Colores que zurcieron otoños urbanos
ásperos por erosión
de color asexuado
de vírgenes pasionales
que visten naranjas lujuriosos
que cosen azules en las trampas
que desarman los colores de sus culpas
Y entre los omitidos
los ignorados
los deglutidos
una extensa gama de colores inventados
danza hasta muy tarde
en un mundo
con placeres de hule
Ade
Ignoró al amarillo
En hojas disimulo
Desarmando colores
Violáceos ignorados
zurcen complementarios
mientras que suplementarios
aprietan viejos colores
Colores que zurcieron otoños urbanos
ásperos por erosión
de color asexuado
de vírgenes pasionales
que visten naranjas lujuriosos
que cosen azules en las trampas
que desarman los colores de sus culpas
Y entre los omitidos
los ignorados
los deglutidos
una extensa gama de colores inventados
danza hasta muy tarde
en un mundo
con placeres de hule
Ade
miércoles, 3 de junio de 2009
Recuerdos de Nirvana (Cap 1)
Si ese día ella no hubiese estado tan audaz Si no hubiese marcado ese numero de teléfono y ese interno. Si no hubiese subido al colectivo después de ver el cielo oscurecido. Si ese cielo no hubiese anunciado la locuaz tormenta en pocos minutos. Si hubiese esperado a que anochezca. Si hubiese impregnado su cuerpo de cordura. Si las mariposas grises no hubiesen revoloteado cerca de su estomago. Si el tornado hubiese desviado su camino. Si el paraguas de colores tristes no se hubiese abierto y estrellado en el viento. Si la tormenta anunciada no se hubiese adelantado tanto. Si sus pasos , seguros, hubiesen cruzado por la duda. Si tantas otras cosas no la hubiesen abarcado. Hoy ella no se acordaría de Nirvana.
Ade
Ade
jueves, 28 de mayo de 2009
Horizontes pulposos
Y columpiándose en la rama del jardín de las contrariedades, canto. Y buscando, porque así lo había decidido, buscó
Con una pala, no demasiado grande ni demasiado angulosa, comenzó a remover la tierra del jardín sin rancho. Cada tanto miraba el horizonte. Y con la tierra seca vestida de pasiones húmedas y desencuentros húmedos, juró que sus dedos de estaño encontrarían en el infinito de tanta humedad lo que había perdido.
Cuando con los dientes subterráneos de pecados estaba por atrapar la ausencia, justo en ese momento, volvió a levantar la vista. Horizontes pulposos se acercaban. Entonces sintió como unos tentáculos buscaban lo que ella no podía encontrar. Mientras, las culpas huían por el jardín de los desacuerdos.
Ade
Con una pala, no demasiado grande ni demasiado angulosa, comenzó a remover la tierra del jardín sin rancho. Cada tanto miraba el horizonte. Y con la tierra seca vestida de pasiones húmedas y desencuentros húmedos, juró que sus dedos de estaño encontrarían en el infinito de tanta humedad lo que había perdido.
Cuando con los dientes subterráneos de pecados estaba por atrapar la ausencia, justo en ese momento, volvió a levantar la vista. Horizontes pulposos se acercaban. Entonces sintió como unos tentáculos buscaban lo que ella no podía encontrar. Mientras, las culpas huían por el jardín de los desacuerdos.
Ade
lunes, 25 de mayo de 2009
domingo, 24 de mayo de 2009
Postal Urbana de la cotidianeidad
Se me engancho el poncho en el cordón de la vereda con agujeros; ahora ando desabrigada por la vidurria. Quiero mi poncho.
La señora de campera roja camina apurada para ganarle la pulseada al frío de la mañana.
Los perros, organizadamente, levantan la pata y mean murales en sepia en las paredes del barrio.
El mercadito de la vuelta bosteza la persiana.
Las vecinas madrugadoras aguardan el comienzo de un día más. Las bolsas a rayas emiten los sonidos del color. Al compás del parloteo mañanero, danzan.
Al llegar a la esquina el colectivo abre la boca y me invita a que suba. En una brusca maniobra el chofer logra desparramar las monedas por el piso. Las junto y las introduzco en la máquina, la magia convierte al metal en un papel blanco con letras negras que dice: 1,10.
Las ventanas de las casas miran curiosas porque deben saber adonde quedaron las partes que perdí de mi poncho.
El sol seduce. Los árboles siguen desnudándose aunque haga frió.
En una esquina cinco guardapolvos blancos cuelgan las mochilas sobre sus espaldas y cinco pequeñas bocas humean.
Es la mañana, es un día más, es la rutina que a veces cambia aunque parezca estática. Es un pequeño tramo en la partuza de horas, de las veinticuatro que dura el día.
Ade
La señora de campera roja camina apurada para ganarle la pulseada al frío de la mañana.
Los perros, organizadamente, levantan la pata y mean murales en sepia en las paredes del barrio.
El mercadito de la vuelta bosteza la persiana.
Las vecinas madrugadoras aguardan el comienzo de un día más. Las bolsas a rayas emiten los sonidos del color. Al compás del parloteo mañanero, danzan.
Al llegar a la esquina el colectivo abre la boca y me invita a que suba. En una brusca maniobra el chofer logra desparramar las monedas por el piso. Las junto y las introduzco en la máquina, la magia convierte al metal en un papel blanco con letras negras que dice: 1,10.
Las ventanas de las casas miran curiosas porque deben saber adonde quedaron las partes que perdí de mi poncho.
El sol seduce. Los árboles siguen desnudándose aunque haga frió.
En una esquina cinco guardapolvos blancos cuelgan las mochilas sobre sus espaldas y cinco pequeñas bocas humean.
Es la mañana, es un día más, es la rutina que a veces cambia aunque parezca estática. Es un pequeño tramo en la partuza de horas, de las veinticuatro que dura el día.
Ade
viernes, 22 de mayo de 2009
Esas cosas que...

Adentro, muy adentro
Adentro de mis poros
Adentro, muy adentro
Adentro de mis huecos
Adentro, muy adentro
Adentro de mis abstracciones húmedas
Adentro, muy adentro
Adentro de repasos
Adentro, muy adentro
Adentro de tus miedos
Adentro, muy adentro
Con muy suaves espasmos
Adentro tan adentro
Que te pierdo en el fuego
Adentro, muy adentro
Que lloras de impotencia
De miedos
De vocablos
Que transportan la esencia
Tan simple e imprecisa
Fue la huida
Adentro de mis poros
Adentro, muy adentro
Adentro de mis huecos
Adentro, muy adentro
Adentro de mis abstracciones húmedas
Adentro, muy adentro
Adentro de repasos
Adentro, muy adentro
Adentro de tus miedos
Adentro, muy adentro
Con muy suaves espasmos
Adentro tan adentro
Que te pierdo en el fuego
Adentro, muy adentro
Que lloras de impotencia
De miedos
De vocablos
Que transportan la esencia
Tan simple e imprecisa
Fue la huida
Ade
lunes, 18 de mayo de 2009
Para que no se note
Para que no se note,
me dejo seducir
por tus espaldas,
y si de ellas se trata,
cruzas en solfa
el hueco de mis huesos,
y vuelvo a reclinarme
entre tus piernas
que se abalanzan pidiendo
arrastradas
hasta lo profundo de mi cuello.
Te pierdo
y entonces retrocedo,
para poder observarte
desde adentro
por fuera todo es fugaz ,
llamando al cabalero,
que dejó de perseguirte por un día,
pero tranquilo regresa
te despide,
mientras tanto yo muero en tus rodillas
y tu sexo me oprime
y me libera,
no pudiendo comprender mi frágil mente
si de loca o de frágil
te desea.
Ade
jueves, 14 de mayo de 2009
Aire
Se manifestaba en el aire.
Abría la ventana envuelta en aire.
Caminaba las calles
sin pisar las veredas.
Hacía los mandados
viajando con el viento.
Desayunaba a las ocho con mate
saboreaba burbujas.
Observaba las cosas
desde angulosas bocanadas de viento.
Se bebía el aire de a sorbos.
Ella podía hacerlo
era viento,
corriente,
soplo.
Poseída totalmente por el aire.
Ade
Abría la ventana envuelta en aire.
Caminaba las calles
sin pisar las veredas.
Hacía los mandados
viajando con el viento.
Desayunaba a las ocho con mate
saboreaba burbujas.
Observaba las cosas
desde angulosas bocanadas de viento.
Se bebía el aire de a sorbos.
Ella podía hacerlo
era viento,
corriente,
soplo.
Poseída totalmente por el aire.
Ade
domingo, 10 de mayo de 2009
Esculturas
Y de sus poros brotaron mariposas,
Flores coloridas de papel de junco
Hojas de cartón inventado
Y de sus pelos asomaron alas rojas
Y de su corazón un sapo
Que soñaba
Con convertirse
En príncipe.
Entonces su boca
esculpió estrellas.
Ade
Flores coloridas de papel de junco
Hojas de cartón inventado
Y de sus pelos asomaron alas rojas
Y de su corazón un sapo
Que soñaba
Con convertirse
En príncipe.
Entonces su boca
esculpió estrellas.
Ade
viernes, 8 de mayo de 2009
Prórrogas
Estas
Estoy
Desenfrenados
Vamos
Hacemos
coleccionamos
Tan congelados
Venís
Te tengo
Lejos
Calmo
Muy calmo
Respiro
Zurzo
por los tinglados
Siento
Percibo
Anhelo
Y tiemblo
Toda de a plazos.
Ade
Estoy
Desenfrenados
Vamos
Hacemos
coleccionamos
Tan congelados
Venís
Te tengo
Lejos
Calmo
Muy calmo
Respiro
Zurzo
por los tinglados
Siento
Percibo
Anhelo
Y tiemblo
Toda de a plazos.
Ade
martes, 5 de mayo de 2009
Trescientos sesenta grados
Con un movimiento brusco sacó toda esa tierra espantosa que avejentaba el cilindro terrible de su pantalón de lana. Con cuidado y sin demasiadas expectativas, busco en un sobre azul . Los instantes quedaban recluidos a medida que avanzaban las conciencias. Una larga lucha lo aguardaba. Alguna vez descifraría esa casi confidencia dilatada por el calor de las vergüenzas. Sólo en la mesa vacía quedaban registrados aquellos manjares que huyeron del tiempo y del infortunio. Volvió tras sus pasos. Pudo aventurar algún desperdicio arrojado en desuso. Todo giro bruscamente a trescientos sesenta grados. Nada indicaba un comienzo, nada un final. Rebotó en su origen. Mientras, una linterna soñolienta derretía la noche.
Ade
Ade
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